De la duda a la fe: Las heridas que sanan al mundo

Reflexión para el Domingo, 27 de abril de 2025
II Domingo de Pascua – Domingo de la Divina Misericordia


De la duda a la fe: Las heridas que sanan al mundo

Lecturas del día:

  • Juan 20, 19-31 (Evangelio de Tomás)

En este Domingo de la Divina Misericordia, la Iglesia nos invita a contemplar las heridas de Cristo como fuente de paz y certeza. El relato de Tomás, el discípulo que dudó, revela que la fe no es un salto ciego, sino una respuesta al encuentro personal con el Resucitado.


Juan 20: Las dudas que conducen a la verdad

Tomás exige ver y tocar las heridas de Jesús para creer (Jn 20,25). Cuando Cristo se le aparece, le dice: «Trae tu dedo y toca mis heridas» (v.27). En lugar de reprenderlo, Jesús acoge su duda y la transforma en una confesión de fe: «¡Señor mío y Dios mío!» (v.28).

Pregunta clave: ¿Permitimos que nuestras dudas nos acerquen a Cristo, o las usamos como excusa para alejarnos?


La Divina Misericordia: Un abrazo para los heridos

El Papa Francisco, cuyo pontificado se centró en llevar la misericordia a las periferias, nos recordó que «Dios nunca se cansa de perdonar; somos nosotros quienes nos cansamos de pedir perdón». Como Tomás, todos llevamos heridas, pero en ellas Cristo se hace presente para sanarnos y enviarnos a sanar a otros.

Reflexión: ¿Somos puentes de misericordia para quienes dudan o sufren, o muros de juicio?


Legado del Papa Francisco: Iglesia en salida, Iglesia misericordiosa

En memoria del Santo Padre, recordamos su llamado a «ser campo hospitalario, no museo de santos». Su insistencia en abrazar a los excluidos, escuchar a los alejados y priorizar a los pobres refleja el corazón del Evangelio: «Bienaventurados los que no ven y creen» (Jn 20,29).


II Domingo de Pascua: Tiempo de tocar y creer

Este día nos desafía a:

  1. Aceptar nuestras fragilidades: Como Tomás, reconocer que la duda puede ser camino hacia la fe.
  2. Tocar las heridas del mundo: Visitar cárceles, hospitales y barrios marginados, llevando la paz de Cristo.
  3. Ser testigos creíbles: No basta creer; hay que encarnar la misericordia en gestos concretos.

Acciones concretas

  • Visita a un enfermo o encarcelado: Lleva consuelo y escucha, como Jesús llevó paz a sus discípulos.
  • Confiesa una duda o temor: Comparte con un amigo o en comunidad tus luchas de fe, buscando crecer juntos.
  • Practica la misericordia: Perdona a quien te ha herido, o pide perdón si has lastimado a otro.

Oración

«Señor de las heridas abiertas, que hoy, como a Tomás, nos invites a tocar tu costado y a encontrar en tus llagas la prueba de tu amor infinito. Convierte nuestras dudas en adoración, nuestro miedo en valentía, y nuestra indiferencia en compasión. Que seamos, como Francisco, testigos de tu misericordia en un mundo sediento de esperanza. Amén».

Autor: Acólito Luis, inspirado en las reflexiones de Fray Felipe Santiago Lugen Olmedo O.P.
Casa de Nuestra Señora del Rosario – Montevideo (Uruguay)

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